¡Hora de limpiar! Nunca es tarde, pero por algo se empieza. Todos tenemos cosas de nuestra historia de las que preferimos no hablar, ya sea porque nos resulta doloroso o porque es más cómodo mirar hacia otro lado y pensar que si no hablamos del tema, simplemente no existe.
Si ver nuestra casa limpia nos produce una enorme sensación de tranquilidad, piensa lo que pasaría si limpiamos nuestra mente. Dedicamos largas horas a limpiar, cuidar y reparar el lugar donde vivimos. Ya es hora de levantar la alfombra emocional y buscar la mugre que habita debajo.
Esa mugre, muy en el fondo, nos quita el sueño y suele aparecer repentinamente para recordarnos su presencia. Hay muchos tipos de mugre, la culpa, el remordimiento, el egoísmo, la arrogancia, la prepotencia, y un sin fin de comportamientos que bloquean nuestro crecimiento espiritual.
Esa que llaman zona de confort nos resulta tan acogedora que preferimos evitar la fatiga. Sin embargo, cuando damos el paso y escarbamos dentro, hasta sacudir el último rincón, ocurre la magia. Ya no somos los mismos de antes, pensamos dos veces antes de actuar, valoramos cada segundo de nuestro tiempo y por eso somos más selectivos a la hora de escoger con quién compartimos esos momentos de crecimiento mutuo.
La ruta más fácil para olvidar todo lo que nos asusta, o lo que nos resulta incómodo, es ocultarlo debajo de la alfombra. Si alguna vez la levantas, verás cuán satisfactorio es poder mantener las emociones en orden.