Hace ya mucho tiempo, un caporal llanero nos deleitaba con sus anécdotas cuando solía acompañar sus noches de soledad con algunas copas de más. Una de las historias que más llamó mi atención, fue la de Yatasirama.

Este personaje era producto de una terrible pesadilla que atormentaba al caporal, quien sentía cómo rasguñaban su puerta con largas y filosas pezuñas como si quisieran arrancar sus entrañas.

Una noche, cansado de temer se llenó de fuerza y abrió la puerta. Era Yatasirama, una sombra masculina alta e imponente que repetía su nombre sin cesar y arropaba con sus manos a aquel indefenso caporal que no tuvo más remedio que entregarse a la voluntad de un sueño profundo, del que jamás despertó.

Cuento o leyenda, lo cierto es que aún me pregunto si Yatasirama deambula por el llano recogiendo las almas de hombres solitarios que permanecieron atados a la sabana o consumidos por la manigua.

Ten cuidado, no abras la puerta, puede ser Yatasirama anunciando su regreso.