Esta es la historia de dos amantes que decidieron construir su amor con el alma rota. Cleo era una hermosa joven de unos veintitantos años, abandonada por su madre a los 4 años, quien la dejó al cuidado de su tía Victoria, y César, el hijo de un matrimonio que, tras varios intentos fallidos en su lucha por ser padres, finalmente logró el ansiado sueño al tenerlo a él.

Ambos eran niños dulces, felices, traviesos, pero sobre todo almas sensibles y llenas de creatividad. Ambos tenían inclinación por el arte y la música, muy inteligentes y curiosos por la vida y sus secretos. A ambos les encantaba leer y eran cerebros intelectuales locos, mentes inagotables y con una sabiduría inmensa.

Pero entonces, ¿qué hizo que su historia se convirtiera en la cruel aventura de dos almas rotas?

Cuando era adolescente, Cleo fue internada en una escuela de monjas y César también fue a un internado dirigido por sacerdotes católicos. Sus creencias eran sólidas pero las experiencias que vivieron allí fueron más que dificiles.

Cuando llegaron a la edad adulta, sus caminos se cruzaron y decidieron unir sus vidas para siempre. Ambos vieron algo de oscuridad en el alma del otro pero ninguno se atrevio a ir más allá de la superficie.

La música y el licor fueron un refugio constante durante sus encuentros. Después de un tiempo, ese refugio ya no era agradable ni acogedor. Era un remolino turbio de emociones no resueltas.

Ansiedad, depresión, angustia, celos, envidia, vanidad, egoísmo, desilusión, frustración, engaño y al final sucedió lo inevitable: divorcio y enojo.

Cleo se dio cuenta de que lo amaba pero se amaba más a sí misma, así que se fue, y César se dio cuenta al mismo tiempo de que su amor por la bebida era más fuerte que su amor por ella.

Ninguno de ellos fue capaz de darse cuenta, a tiempo, de que sólo necesitaban sanar sus almas rotas para poder amar a los demás de forma sana. Ahora es demasiado tarde, porque para ambos brilla la luz perpetua.